De la importancia de ver sin verbalizar o de palabras aguafiestas
Ibamos en una carretera de Coahuila, yo era el pasajero.
Volteé a mi derecha y vi algo que me agradó y dije sin pensar en lo que era: “¡qué bonito!”.
Me preguntó el conductor: “¿qué cosa?”.
A lo que contesté: “un rio seco… eso no es tan bonito, ¿verdad?”.
Volteé a mi derecha y vi algo que me agradó y dije sin pensar en lo que era: “¡qué bonito!”.
Me preguntó el conductor: “¿qué cosa?”.
A lo que contesté: “un rio seco… eso no es tan bonito, ¿verdad?”.