Monday, August 20, 2007

23

 

23 es un número que hizo una aparición estelar en una película que vi ayer. La vi el día 18 del mes 8 del año 2007, uno mas ocho son nueve y ocho son 17 menos dos son 15 mas siete son 22. Increíble, ¿no? A un número del 23. En la película dicen que está en todos lados, algo que yo no quisiera, ni podría contrariar… después de todo la fecha de ayer me da 22 más un día (hoy que estoy escribiendo esto): 23. Pfff, el 23 sí que está en todos lados. En la película, Jim Carrey hace miles de operaciones de este tipo. Lo que me llevó a recordar un libro muy simpático que leí hace unos años. Se llama: “El secreto final de los iluminados” al que apodamos cariñosamente: “el libro de las tortas” porque entre sus tantas curiosidades, narraba la historia de un extraterrestre que entregaba tortas a la persona ante la cual se había aparecido.


Robert Anton Wilson escribió también, en este libro, acerca del Discordianismo, una religión fundada en los 50´s en E.U. Por lo que he leído al respecto, yo diría que es una especie de Budismo Zen occidental, más satírica que inocente. La razón por lo que ligué esta religión con la película de ayer fue por la Ley de Cinco del Discordianismo.


Página 16 del libro Principia Discordia:

The Law of Fives states simply that: ALL THINGS HAPPEN IN FIVES, OR ARE DIVISIBLE BY OR ARE MULTIPLES OF FIVE, OR ARE SOMEHOW DIRECTLY OR INDIRECTLY APPROPRIATE TO 5.

The Law of Fives is never wrong.

In the Erisian Archives is an old memo from Omar to Mal-2: “I find the Law of Fives to be more and more manifest the harder I look.”

En otra página hablan del signo de Victoria (para Wiston Churchill) o de Paz (para los hippies) como el signo para el número romano cinco (that just cracked me up). El número cinco está en todos lados, especialmente entre más busques como bien lo observa el venerable Omar. Para llegar a éste, basta hacer operación tras operación, no importa en que dirección, que tan complicada, o cuántos años se tarde, eventualmente, llegará al número cinco o al 23 igual, siendo que el cinco se compone de dos más tres. Dos y tres. O si usted lo prefiere: cinco y cero o uno y cuatro, lo cual nos lleva al místico y perfumado número 14 que dividido entre dos (uno de los números del 23) nos da siete, nada más y nada menos que la cifra de la ley de siete, a su vez dividida en tercios… and so on and so forth.

¿Por qué siempre queremos hacer una conexión entre las cosas? Llegué a una piñata con mi ex-novio francés. Ninguno de los dos conocíamos a la festejada ni a su familia; estábamos ahí acompañando a mi prima. Cuando llegó el papá de la niña y vio que PM no era mexicano preguntó de dónde era. Al escuchar que era francés, se le iluminó la cara y dijo: “Excelente, tengo un amigo Sueco por aquí a quién le podemos presentar.” Claro, porque los franceses por lo regular hablan sueco fluido y viceversa (bueno, si es más creíble que un sueco hable francés fluido). ¿De dónde nos nace esta manía de buscar correlaciones dónde no las hay? O si es que las hay, ¿de qué sirven? En palabras del Discordianismo:

It says little,
does less,
means
nothing.

(Acerca del título KSC: Keepers of the Sacred Chao).

Posted by Juls at 01:26:13 | Permalink | Comments (6)

Sunday, August 19, 2007

Nunca corrí hasta desfallecer.

Pero hoy vi a los niños correr. Correr es comer es cambiar es amar. Nunca amé hasta desfallecer. Nunca amé hasta amar. Amar hasta amar. Amar amar. Amarillo desfalleciente, vertigo corriente. Si el desfallecer fuera lo último, desfallecer para desfallecer para desfallecer para desfallecer. Y despues? despues de correr desfallecer. Y desfallecer para nacer.

 

Posted by Juls at 06:28:14 | Permalink | Comments (1) »